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Opinión: El final anunciado del placer de manejar

Por primera vez el ser humano empieza a perder el puesto de conducción.

Opinión: El final anunciado del placer de manejar

Cada vez que conduzco un nuevo auto, lo publico en mis redes sociales como “el juguete del día”. Porque esa es la sensación que me invade al conducir un coche, es el placer de desplazarme con él, llevarlo a donde necesito ir, percibir sus reaccionar y actuar en consecuencia. Claro que hay “juguetes” que me satisfacen más que otros y lo que más disfruto es cuando un auto me sorprende gratamente y esto, en general, me pasa con vehículos de costo bajo, que terminan ofreciéndome más de lo que yo esperaba. Me pasó, por ejemplo, la primera vez que conduje un Hyundai Grand i10. También con un Honda Fit, pero aquí la sorpresa fue menor porque, vamos, era un Honda. Y en la mejor época de la marca, en mi opinión.

El primer auto premium que conduje fue un A4 2.0 1998. Aún recuerdo el gerente general de la agencia (las marcas aún no me prestaban coches) diciendo: “Toma una curva a 200 km/h para que veas cómo se siente”. Lo hice. No una curva de 90 grados, obviamente. Y vi el gran auto que era. Pero el amor nació con los dos primeros BMW, que conduje junto con mi amigo y entonces colaborador Ricardo Chan. En el Z3 pusimos la canción “I feel good”, de James Brown y la vinimos cantando a todo pulmón casi todo el camino por la carretera. Pero fue con el 540 iSport, con su V8 manual de 286 HP (una monstruosidad a finales de los 90), que comenzamos a entender las grandes ligas de los autos.

Conducir un coche siempre fue un placer, sea porque el auto en sí es placentero o porque es un momento en el que uno se encuentra consigo mismo, escuchando su música, disfrutando al paisaje, saboreando cada curva, deleitándose con el sonido del motor de un Mustang o de un Porsche.

Amigos sobre ruedas

Hay autos que se transforman en amigos. Son de los que te sientes tan bien con ellos, que prefieres el trayecto sobre el destino. No es una cuestión de potencia, sino de precisión. Muchos VW te lo dan. Mazda también. Entre los de lujo - sin llegar al nivel Porsche- BMW es increíble, como lo era Mercedes antes de la tracción delantera y de abandonar su estupenda comodidad.

Claro que no todos piensan como yo. De hecho, los entusiastas somos minoría. Son más los que usan el auto para lo que realmente fue hecho, es decir, llevarlos de un lugar a otro. Para ellos fueron hechas los SUV y las minivanes, pero claro, por fortuna no faltaron los que transformaron una A6 en una RS6. Mejor aún, los que pusieron un motor de Fórmula 1 en una Renault Espace, para transformarla en un juguete.

Hoy, sin embargo, estamos viviendo una etapa distinta. Por primera vez el ser humano empieza a perder el puesto de conducción. En ciudades como San Francisco y Austin, empresas como Waymo y Cruise ya ofrecen servicio de taxis donde los autos son conducidos por una computadora, o un robot, como dicen algunos. Hay muchas ventajas en los vehículos autónomos, me queda claro. Una de ellas es que los pasajeros pueden aprovechar el tiempo de traslado para trabajar, por ejemplo. Algunos de hecho han aprovechado para hacer el amor en el taxi, lo que, convengamos, puede ser aún más divertido que manejar el auto. Y como no hay ley que lo prohíba -aún- lo hacen sin más consecuencias que el disfrutar de su pareja. O parejas. Pero el hecho es que las computadoras no se enojan, no se emborrachan ni se drogan, además, siempre obedecen la leyes de tránsito y esto, curiosamente, puede ser una de sus debilidades. En las dos ciudades mencionadas, los robots ya han producido atascos por exceso de precaución, poniéndose en un cruce mientras esperan que el otro taxi, también conducido por una computadora, pase primero. Como ninguno toma la iniciativa, bueno, un humano tiene que resolverlo.

Pero esos taxis son solo el primer paso. Cada vez más nos irán quitando las manos del volante y dando el mando a un computadora. Los aburridos habrán ganado la guerra cuando ya no podamos manejar. Así que, si amas a los autos y ya tienes en tu memoria la dicha de haber conducido algunos de los coches con que soñaste, excelente. Si no es así, te recuerdo lo que alguien ya dijo: “La vida es demasiado corta para manejar autos aburridos”.

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