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El motor rotativo, el alma de Mazda

Manejamos el Cosmo Sport, todas las generaciones del RX-7 y el Eunos Cosmo para descubrir por qué son tan especiales los Mazda con motor Wankel.

El motor rotativo, el alma de Mazda

Hiroshima, Japón. Es imposible no reconocer los logros de la firma nipona Mazda cuando se habla del motor rotativo o Wankel. Para empezar, es la única marca que ha conseguido su fabricación en masa de manera exitosa. También, gracias a este tipo de motor Mazda es el único fabricante japonés que ha conquistado la extenuante y brutal competencia de las 24 Horas de Le Mans, en 1991 con el prototipo 787B.

Aun con lo anterior y dado que la industria automotriz actual (dominada por las economías de escala y la necesidad de controlar los costos) se aleja mucho de sus inicios (la primera mitad del siglo pasado) en los que grandes innovadores, apasionados y auténticos locos no solo se preocupaban por fabricar autos, sino también por crear algo único, diferente y que mejorara lo ya existente, Mazda ha mantenido su compromiso con el motor Wankel a un extremo difícil de explicar y que bien podríamos calificar de necedad pura.

Incluso al cuestionar a los ejecutivos de Mazda sobre la razón por la que se empecinan en seguir destinando recursos para el desarrollo del motor rotativo, es altamente improbable que recibamos una respuesta lógica convincente. Ya que la mejor manera de describirlo sería como que el motor rotativo es parte de la esencia de Mazda y por lo tanto, se niegan a aceptar que esa pequeña gran parte de lo que son y representan, sea aniquilada a merced de esta implacable industria moderna en la que los autos se han convertido casi en un comodity.

En el marco del Salón de Tokio 2015, la firma japonesa sorprendió a propios y extraños, al tiempo que se robó el salón con la presentación del bello RX-VISION Concept, un coupé de proporciones clásicas, con motor frontal y tracción posterior que confirma las intenciones de Mazda en volver a comercializar un deportivo con motor rotativo en el futuro. No hay especificaciones, ni fechas de comercialización, solamente la promesa de que eventualmente volveremos a ver en el mercado un deportivo con estas características, lo cual resulta muy esperanzador.


¿Pero qué es un motor Wankel?

Es cierto que el motor rotativo no es invención de Mazda, de hecho no es si quiera un logro que podamos acreditar a los japoneses. La mente detrás de este concepto es del ingeniero alemán Felix Wankel, cuya investigación luego de la Segunda Guerra Mundial llamó la atención del fabricante NSU (que posteriormente fue adquirido por Grupo Volkswagen e integrado como una de las marcas que hoy conforman Audi, es decir NSU representa uno de los cuatro aros). Estos motores hacen los cuatro tiempos de la combustión (admisión, compresión, combustión y escape) mientras el rotor gira dentro de una cámara de forma parecida a un rectángulo con los extremos redondeados, es decir no hay pistones o bielas. Lo anterior los hace muy ligeros, suaves de funcionamiento, con menos inercias y capaces girar a regímenes muy elevados sin problema, lo que sin duda llamó la atención de muchos fabricantes. Al menos 100 compañías firmaron acuerdos de colaboración con NSU para el desarrollo de estos motores en 1959.

Sin embargo, las vibraciones hacían que el housing se desgastara mucho, lo que suponía un gran problema de durabilidad, asimismo el humo blanco que se generaba provocado por la quema excesiva de aceite y la falta de torque a bajo régimen también suponían un reto enorme.

La dificultad para resolver estos problemas provocó que la gran mayoría de las empresas que habían firmado el acuerdo, algunas tan renombradas como Mercedes-Benz, abandonaran el desarrollo del motor Wankel y lo consideraran inviable.

Por su parte, Mazda siguió desarrollando el motor rotativo, resolviendo uno a uno los problemas como el desgaste del housing, o el consumo de aceite, mientras que el tema del torque se resolvió creando un bloque de dos rotores, que otorgaba una frecuencia parecida a la de un V6. Así, en 1967 Mazda inició la comercialización del Cosmo Sport 110 (esta última era la cifra de potencia, 110 CV) que incorporaba un motor de dos rotores carburado con 982 cc de desplazamiento.

El viaje hasta el lejano país asiático nos permitió vivir la denominada “Brand Immersion Event”, que consistió en conocer de cerca (manejarlos también) a algunos de los vehículos más representativos de la firma que se han comercializado.


El inicio de todo

Los primeros autos que pudimos manejar fueron nada menos que unos Mazda Cosmo Sport 110, estos vehículos ni siquiera pertenecían a Mazda, fueron facilitados por unos entusiastas coleccionistas y miembros del Club Mazda Cosmo. Se trata de un atractivo coupé biplaza, no hay muchos de estos, solo 1.519 fueron producidos en dos series (Serie 1 de 343 unidades y la Serie 2 de 1.176 unidades) y algunos en subastas han alcanzado valores por encima de los 250 mil dólares.

Tan radical y futurista resultaba el diseño del Cosmo Sport que fue utilizado para la serie televisiva “El Regreso de Ultraman”. Incluso una de las unidades disponibles ostentaba el mismo diseño de aquel vehículo utilizado por el MAT (Monster Attack Team).

Manejar el Cosmo Sport es como viajar al pasado, los asientos sin respaldo, las diminutas dimensiones tanto exteriores como interiores, neumáticos flacos, grandes y con un perfil enorme, los asientos sin apoyacabezas y con un cinturón que pasa solo por la cintura, así como un volante de madera gigantesco fueron lo primero que llamó mi atención. Manejar un auto con volante a la derecha ya supone un reto, pero además uno tan especial y atesorado por su propietario lo hacía aún más intimidante. Ciertamente se siente poco torque abajo, la transmisión muy bien engranada y de trayectos cortos es sorpresivamente suave y una vez alcanzadas las 4 mil vueltas, el sonido del motor se vuelve adictivo y el Cosmo acelera con decoro mientras se planta bien, claro está que tiene ese grado de nerviosismo que todo deportivo de aquella época transmite.


La leyenda… el RX-7

Si bien es cierto, el Cosmo Sport fue el primero y a este le siguieron modelos de categorías tan diversas como coupés, sedanes, pick ups e incluso autobuses. Tuvieron que pasar 11 años para que llegara otro deportivo con motor rotativo con todos los elementos para convertirse en una leyenda, en 1978 Mazda inició la comercialización del RX-7 que se hizo famoso no solo en Japón, sino también en Norteamérica y de paso se convirtió en uno de los autos deportivos japoneses más importantes.

Del RX-7 existieron 3 generaciones, la primera cuyo innegablemente atractivo diseño, dimensiones contenidas, ligereza y bajo centro de gravedad lo hacían un auto muy divertido aun cuando no era precisamente un dechado de potencia, tenía entre 105 y 135 CV extraídos del pequeño motor que apenas superaba los 1.1 litros de desplazamiento. Hacia el final de su ciclo de vida, la primer iteración del RX-7 recibió un nuevo motor rotativo turbo de 1.3 litros que llevaba la potencia hasta unos muy saludables 165 CV.

La segunda generación llegó en 1985 ofreciendo líneas de diseño que claramente presentaban una evolución lógica con respecto de su antecesor. Se ofreció el mismo bloque 1.3 litros tanto aspirado como turbo con un rango de potencia entre los 150 hasta los 200 CV. Las formas de ese futurismo de los ochentas le otorgan un aire muy especial a este RX-7. Sin embargo tras el volante (manejamos el de 200CV) las cosas son bastante interesantes, este vehículo ya ofrece muy buena aceleración y agarre, así como mucho mayor refinamiento. Las vibraciones y ruido del exterior son mucho menores que antes.


Antes de la cereza del pastel, el Eunos Cosmo

En 1990, un gigantesco y suntuoso coupé se colocó como el vehículo tope de gama del fabricante. Eunos era en sí una submarca de lujo de Mazda y este vehículo era su carta ganadora. El Eunos Cosmo, el auto más costoso que haya fabricado Mazda incorporaba una serie de avances tecnológicos sumamente interesantes, la plataforma JC que era única para este modelo ofrecía suspensión trasera mutlibrazo con un juego de cuatro amortiguadores atrás.

Incorporaba control electrónico para la transmisión automática de 4 velocidades, el aire acondicionado, la dirección sensible a la velocidad y el tablero de instrumentos digital. Incluso incorporaba GPS con pantalla táctil a color, etc.

Sin embargo, bajo el capó del Eunos Cosmo, el 20B se encontraba el primer y único motor de tres rotores turbo. Un 2.0 litros que además incorporaba un complejísimo turbo secuencial que se componía de dos turbos, uno pequeño que funcionaba desde las 1.800 rpm y uno más grande que entraba en acción a las 4.000. Al llegar a las 4.500 rpm se hacía la transición y esto ocasionaba un incremento sorpresivo de potencia al que definitivamente habría que acostumbrarse, los 300 CV de potencia y 379 Nm de torque enviados al eje posterior entregan una aceleración suave y contundente, al punto que uno de sus inconvenientes es que los frenos de disco de un pistón eran insuficientes.

Solo se fabricaron 8.853 unidades del Eunos Cosmo y nunca se comercializó fuera de Japón ya que el precio habría sido muy elevado, una pena ya que es un auto de lujo como solo Mazda podría haber concebido uno.
 

El último RX-7

Luego de los dos primeros RX-7 tocó el turno de manejar uno de mis héroes de todos los tiempos, el RX-7 de tercera generación, un vehículo que llegó en 1991 y que abandonaba por completo esa naturaleza de deportivo pequeño y accesible de sus dos predecesores. Este RX-7 era más grande, equipado y sofisticado, por lo que se convirtió en un vehículo mucho más costoso y aspiracional.

El motor de 1.3 litros turbo enviaba 252 CV y 294 Nm de torque a las ruedas traseras vía una caja manual de cinco relaciones. El RX-7 de tercera generación es un deportivo rápido, ágil y preciso aun para estándares actuales, la facilidad y rapidez con la que acelera sorprende y tanto agarre como precisión son excepcionales.

Este último RX-7 sin duda es la máxima expresión de lo que Mazda puede hacer con un deportivo de motor rotativo, una auténtica leyenda que podríamos equiparar con otros iconos de la industria nipona reciente como el GT-R R34, el Toyota Supra Turbo o el Acura/Honda NSX. Si bien es cierto disfruté el manejo de cada modelo, fue hasta que tuve la oportunidad de conducir este auto que entendí a la perfección esta devoción de la marca hacia el motor rotativo. Mazda le debe al mundo un deportivo como este RX-7 pero del siglo 21, una máquina que sea capaz de rivalizar con un 911 o un Corvette con los ojos cerrados al tiempo que demuestre el por qué el motor rotativo representa un concepto que vale la pena preservar.

 

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